miércoles, 3 de diciembre de 2008

Ese dia....algo cambió en mi

Sola, y cansada. Así es como estaba el día que decidí escribir…el día que tal vez, por primera vez, me sentí como un libro… un libro que necesitaba ser leído, para ser entendido y así poder vivir…
Ese día, un 18 de Octubre de hace ya mucho tiempo, fui a una biblioteca, sin saber, que en ella empezaba mi nueva historia, y con ella, mi nueva vida….

… Entro en esa inmensa sala, donde miles de historias se pelean por ser leídas,
Necesito leer, necesito sumergirme en otro libro que hable de las aventuras de un muchacho marinero….de una joven iniciada en la magia….. Magia, o si….
En ese momento veo un libro que esta colocado en la séptima estantería, un libro negro, lo cojo y miro la portada, vacía. No me lo pienso dos veces, ese es el libro que elijo y me lo llevo a casa…
Abro la primera pagina y veo que esta vacía…. Que extraño….
Lo abro por la mitad, y mi asombro es aun mayor….vacío.
Lo dejo en la mesita de noche, he elegido un libro vacío!!! Que disgusto…

…. Esa noche, no puede dormir, al principio me quedé mirando el libro, esperando a que apareciesen letras de la nada como en Harry Potter, pero después supe, que por mucho que esperase, no iban a aparecer, porque simplemente esto no era cosa de magia….
Me hubiese gustado que ese libro tratase de una verdadera historia de amor… de amistad, y traición…

Y solo había un camino para eso…

Abro la primera pagina y sin pensármelo dos veces, comienzo a escribir….

1 comentarios:

M. dijo...

Tu entrada, que tal vez no tenía mayor trasfondo que lo que dice, tiene una intepretación -me ha suscitado una posible intepretación- algo particular, y es que tal historia bien podría usarse como metáfora del siglo XX.

Solos, cansados, angustiados, los artistas se encontraban a principios del XX sin referencia alguna y, tras las dos guerras mundiales, presionados por las filosofías del absurdo, la muerte de Dios y la negación de la consciencia, hasta que volvieron a la tradición. Cogieron la tradición, la hicieron pedazos y lo que les quedó bien podría haber sido un libro en blanco sobre el que escribir aquello que desearan.

Y tal ruptura se refleja también en la literatura del XX, el autor de la cual le comunica al lector, como Guillermo Cabrera en Tres tristes tigres, que él también tiene cosas que decir -mediante la inclusión de páginas en blanco en la mitad del libro precedidas por un "estas son las palabras más importantes que dijo el personaje".

En fin, que bla, bla, bla, pasaba por aquí y esta historia me ha parecido muy sugestiva para elaborar algo parecido a una síntesis sobre lo que fue el siglo XX, y el escribir la síntesis aquí es el medio mediante el que darte las gracias -porque dar las gracias es tan imbécil como pedir perdón si no va acompañado de ningún acto-.


Un saludo.